Templo del Fuego de Ateshgah: el santuario del fuego eterno en Bakú

En Surakhany, a las afueras de Bakú, existe un lugar donde el fuego lleva ardiendo desde tiempos inmemoriales: el Templo del Fuego de Ateshgah. Construido entre los siglos XVII y XVIII por comerciantes hindúes procedentes de la India, este santuario de planta pentagonal fue durante siglos un destino de peregrinación para zoroastrianos y devotos de Shiva que reconocían en las llamas naturales que brotaban del subsuelo una manifestación de lo divino. Hoy es Monumento Histórico-Arquitectónico del Estado de Azerbaiyán y una de las visitas más fascinantes de la región.

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El Templo de Ateshgah: un santuario pentagonal construido en el siglo XVII sobre el gas natural que afloraba espontáneamente del subsuelo.

Historia del Templo de Ateshgah

Aunque las llamas naturales de la Península de Absheron eran veneradas por los zoroastrianos desde la Antigüedad, la estructura actual del templo fue construida entre los siglos XVII y XVIII por comerciantes hindúes shivaítas procedentes de Sind (actual Pakistán), que reconocieron en el fuego eterno de Bakú una manifestación de Shiva. Las celdas que rodean el patio central alojaban a peregrinos y ascetas, algunos de los cuales pasaban años en el santuario practicando penitencias.

A principios del siglo XIX, la extracción industrial de petróleo redujo la presión del gas en la zona y las llamas se apagaron. El gobierno soviético restauró el templo y reinstauró las llamas artificialmente mediante una toma de gas conectada a la red. La estructura fue declarada museo en 1975.

Arquitectura del Templo de Ateshgah

La planta pentagonal

El templo tiene una planta pentagonal única con un patio central donde se alza el altar principal de fuego. En torno al patio se distribuyen las celdas de los peregrinos y las cámaras de meditación. El portal de entrada (balakhane) muestra inscripciones en sánscrito, gurmukhi y persa que documentan los intercambios culturales entre India, Persia y el Cáucaso.

Inscripciones y decoración

Las paredes del templo están cubiertas de inscripciones caligráficas en varios idiomas —sánscrito, gurmukhi, persa y árabe— junto a relieves geométricos y motivos florales que combinan tradiciones artísticas hindú e iraní.

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El patio central del Templo de Ateshgah con el altar de fuego y las celdas de los peregrinos restauradas como museo etnográfico.

Cómo visitar Ateshgah desde Bakú

El templo está abierto todos los días. La entrada cuesta 2 AZN. Se puede llegar en autobús local desde el metro Kövşər o en taxi (15-20 AZN desde el centro). La visita se combina perfectamente con Yanardag en una excursión de medio día: ambos sitios están en la Península de Absheron y apenas los separan 15 km.

Preguntas frecuentes

¿Por qué hay fuego en el Templo de Ateshgah?

El fuego original se alimentaba del gas natural que brotaba espontáneamente del subsuelo de la Península de Absheron, rica en hidrocarburos. Tras apagarse en el siglo XIX por la extracción industrial de petróleo, fue reinstaurado artificialmente conectando el altar a la red de gas natural.

¿Qué religiones se practicaban en el Templo de Ateshgah?

El templo fue utilizado principalmente por zoroastrianos y por peregrinos hindúes shivaítas de la India y el Sind (actual Pakistán). Esta fusión de tradiciones espirituales hace de Ateshgah un lugar único en el mundo.

¿Cuánto tiempo se necesita para visitar el Templo de Ateshgah?

La visita completa dura entre 45 minutos y 1,5 horas. El recinto no es muy grande pero los paneles explicativos y el ambiente del lugar invitan a la contemplación tranquila.