Viajar solo por el Cáucaso: por qué funciona tan bien, dónde se conoce gente y lo que conviene saber antes
Quien viaja solo por el Cáucaso descubre en el primer día que la palabra no aplica: en la marshrutka alguien ofrece pan, en la guesthouse la dueña sienta al huésped a cenar con la familia, en el pueblo un vecino se empeña en enseñar su bodega. Georgia y Armenia están entre los países más seguros de Europa, son baratos, tienen hostales en las ciudades y casas de familia en cada pueblo, y los viajeros que los recorren son pocos y se cruzan una y otra vez. Esta guía cuenta cómo es en la práctica, lo bueno y lo que conviene manejar.
La seguridad, en serio
Georgia y Armenia tienen menos robos y agresiones a turistas que casi cualquier capital de Europa occidental, y de noche se camina por Tbilisi y Ereván sin pensarlo; Azerbaiyán es igual de tranquilo en Bakú y en todo lo que se visita. Lo que de verdad le pasa a quien viaja solo es otra cosa: un taxista de aeropuerto que cobra el triple, un tobillo en un sendero sin nadie cerca, un estómago después de una supra. Para eso: aplicaciones de taxi con precio cerrado, decir en el alojamiento adónde se va a andar y a qué hora se vuelve, copia del pasaporte en el correo, seguro de viaje con montaña y el 112, que es el teléfono de emergencias en los tres países. Las únicas zonas a las que no acercarse, Abjasia, Osetia del Sur y la frontera armenio-azerbaiyana, no están cerca de ningún sitio al que se vaya.
Dónde se conoce gente
En los hostales de Tbilisi, sobre todo los de Fabrika y los del casco viejo, y en los de Ereván alrededor de la Cascada, que son los puntos de encuentro de todo el que recorre la región; en las excursiones de día a Kazbegi, Kajetia, Garni y Geghard o Tatev, que se llenan de viajeros solos y en las que se forman los grupos para lo siguiente; en el tren nocturno a Zugdidi, camino de Svanetia, con sus compartimentos de cuatro; en los refugios de Tusheti y en las casas de familia de Ushguli, Omalo y Dilijan, donde se cena en la misma mesa; y en los bares de vino de la calle Saryan en Ereván y de Sololaki en Tbilisi. Los que van en la misma dirección acaban compartiendo taxi para Mestia, Tatev o Khinalig, que es como se abarata todo.
Moverse y dormir
La marshrutka es el transporte del viajero solo: barata, a todas partes, y con conversación garantizada aunque no se comparta idioma. El taxi compartido de las estaciones se llena con cuatro desconocidos que se vuelven conocidos en tres horas. Las aplicaciones de taxi evitan el regateo en las ciudades. Para dormir, en las capitales hay hostales buenos y apartamentos, y en los pueblos la guesthouse familiar con cena incluida, que es la mejor parte del viaje: la dueña cocina, el marido saca el vino y el huésped que llegó solo se va con una familia.
La hospitalidad y cómo manejarla
Lo que más sorprende es la insistencia: a quien viaja solo lo invitan a comer, a beber, a la boda del sobrino, a dormir en casa. Casi siempre es sincero, y aceptar es lo mejor que se puede hacer. Lo que conviene saber es cómo decir que no al vino: en una supra georgiana el tamada marca los brindis y se bebe cuando él dice; se puede beber poco, mojar los labios y dejar el vaso, pero no negarse al brindis, y la excusa de la salud o del coche se respeta. En Armenia y Azerbaiyán la mesa es parecida y la presión, menor. Una palabra en el idioma local, gracias, salud, hola, cambia la conversación entera; la guía de idiomas del Cáucaso tiene las que hacen falta.
Mujeres que viajan solas
Georgia y Armenia son países fáciles para una mujer sola: respeto, curiosidad, muchas preguntas sobre si está casada y por qué viaja sin familia, y poco más. Lo práctico: ropa que cubra hombros y rodillas en pueblos e iglesias, pañuelo para las iglesias georgianas, taxi por aplicación de noche en vez de parar uno en la calle, y en Azerbaiyán, fuera de Bakú, una sociedad más conservadora en la que una mujer sola llama más la atención sin que pase nada. Los hostales tienen dormitorios femeninos y las casas de familia son el alojamiento más seguro que existe.
Una ruta de dos semanas
Tres días en Tbilisi con Mtskheta; dos en Kajetia, con noche en casa de familia en Sighnaghi; dos en Kazbegi; tren nocturno a Zugdidi y tres días en Svanetia, Mestia y Ushguli; vuelta a Tbilisi y marshrutka a Ereván, con parada en Haghpat; tres días en Ereván con Garni, Geghard y Khor Virap; y el Sevan o Dilijan para terminar. Todo en transporte público y con tiempo para desviarse cuando alguien lo propone, que pasa.
Preguntas frecuentes
¿Es el Cáucaso un buen destino para una mujer que viaja sola?
Sí, Georgia y Armenia están entre los países más fáciles: seguros, respetuosos y con una hospitalidad que cuida al visitante. Conviene vestir con hombros y rodillas cubiertos en pueblos e iglesias, usar taxi por aplicación de noche y, en el Azerbaiyán rural, contar con que una mujer sola llama la atención, sin más consecuencia que miradas y preguntas.
¿Sale más caro viajar solo?
Poco: la cama de hostal y la habitación de casa de familia cuestan lo mismo por persona, la marshrutka también, y lo único que se encarece es el taxi a los sitios sin transporte, que se comparte con otros viajeros del hostal. El Cáucaso es tan barato que ese sobrecoste no se nota.
¿Cómo se hacen amigos viajando solo por el Cáucaso?
Sin esfuerzo: en los hostales de Tbilisi y Ereván, en las excursiones de día compartidas, en el tren nocturno a Zugdidi, en las casas de familia de los pueblos de montaña y en cualquier mesa a la que inviten, que serán muchas. La comunidad de viajeros por la región es pequeña y la misma gente se cruza en Kazbegi, en Mestia y en Ereván.